La delegada de Programas para el Bienestar en la entidad recorre los 67 municipios del estado con una premisa clara: reducir la desigualdad desde el territorio
Chihuahua, México.— Mayra Chávez Jiménez no llegó al servicio público desde el escritorio. Su historia política comenzó en una colonia popular de Ciudad Juárez, cuando a los 13 años tocaba puertas para gestionar el alumbrado público. Hoy, como delegada de Programas para el Bienestar en Chihuahua, coordina una de las estructuras sociales más amplias del gobierno federal en una de las entidades más extensas y diversas del país.
Juárez, su ciudad natal, marcó su formación. Ahí creció en contacto con el trabajo comunitario y el activismo social, experiencias que —según reconoce— definieron su vocación. “La política se construye desde abajo, cercana a la gente”, sostiene. Esa cercanía se ha convertido en el eje de su gestión actual, que implica recorrer permanentemente los 67 municipios del estado.
Chihuahua presenta realidades contrastantes: regiones serranas, zonas agrícolas, centros urbanos e importantes corredores fronterizos. En ese contexto, Chávez encabeza la operación de pensiones y programas sociales dirigidos a adultos mayores, personas con discapacidad y sectores en situación de vulnerabilidad. El reto, admite, no es menor. “Cada municipio tiene dinámicas, necesidades y problemáticas distintas. Lo que ocurre en una región no ocurre en otra”, señala.
Desde su perspectiva, la desigualdad es el principal desafío estructural del estado. “Hay mucho para pocos y poco para muchos”, afirma. Por ello, defiende la universalidad de los programas sociales como una herramienta clave para cerrar brechas históricas. A diferencia de esquemas del pasado, explica, los programas actuales no dependen de decisiones discrecionales, sino de derechos reconocidos.
La funcionaria se define como una activista social que hoy ejerce responsabilidades de Estado. Su discurso combina sensibilidad social con una visión institucional del poder. “El poder solo tiene sentido cuando se ejerce al servicio del pueblo”, sostiene, al tiempo que subraya que gobernar implica no perder el vínculo con la gente ni el origen de las causas que motivaron su participación pública.
En su estilo de liderazgo privilegia el trabajo en equipo. Considera que los resultados en política social no se construyen de manera individual, sino a partir de estructuras sólidas y coordinación entre niveles de gobierno. Para Chávez, valores como la honestidad, la responsabilidad y la congruencia son indispensables en el servicio público, particularmente para quienes aspiran a cargos de mayor responsabilidad.
Su presencia constante en comunidades rurales y urbanas ha reforzado, dice, su compromiso. Cada entrega de apoyos, cada registro y cada visita renuevan su convicción de que la política social debe traducirse en cambios concretos en la vida de las personas. “Dormir sabiendo que al menos alguien sonrió ese día es una gran satisfacción”, afirma.
En un contexto donde su nombre comienza a mencionarse como un perfil con proyección política, Chávez evita definiciones anticipadas. Asegura que su prioridad es cumplir la encomienda actual con resultados y principios. “En el servicio público no hay tareas menores”, señala.
A las mujeres jóvenes interesadas en la política les envía un mensaje directo: participar, no detenerse y asumir que cada espacio conquistado abre camino para otras. “Es nuestro momento”, afirma.
Desde la Delegación de Programas para el Bienestar, Mayra Chávez resume su compromiso con una idea que guía su gestión: llevar el principio de “por el bien de todos, primero los pobres” hasta el último rincón de Chihuahua. Ahí, asegura, es donde debe estar el Estado.




